A los 57 vendieron una casa grande en las afueras y se mudaron a un apartamento luminoso en Málaga. Redujeron gastos fijos un cuarenta por ciento, viajaron más y abrieron tiempo para voluntariado. Extrañaron el jardín, pero ganaron salud al caminar por la playa diariamente.
Con 61, mantuvo clientes europeos y se estableció primero en Ciudad de México, luego Mérida y, finalmente, Medellín. Ajustó seguros, dominó banca digital y aprendió a negociar alquileres por temporada. Su mayor lección: los barrios importan más que las ciudades para sentirse en casa.